Crisol: Theater of Idols, el FPS español de Blumhouse

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Sergio Daniel Ferraro

Becario Doctoral CIC Instituto de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología (IESCT) Universidad Nacional de Quilmes •Prof. de Historia y Cs Sociales •Prof. de Geografía •Lic. en Educación (UNQ)

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Crisol: Theater of Idols

Crisol: Theater of Idols, el FPS español de Blumhouse

Hay historias de desarrollo que dejan en claro que, cuando los devs saben dónde quieren llegar, no se rinden a pesar de las críticas de los publishers. Y el caso de Crisol: Theater of Idols es un claro ejemplo.

Durante la búsqueda de una editora, el estudio español Vermila Studios se topó, en varias rondas de negocios, con cuestionamientos sobre su propuesta de reinterpretar el folclore español. Comentarios como “eso no asusta” o “¿a quién le va a interesar algo con folclore español?” les repetían, junto con sugerencias de reformular el lore de su universo de pesadilla.

Hasta que, al llegar a Blumhouse Games (la productora de cine que ya va por su quinto título publicado), recibieron libertad creativa que merecía el proyecto y comenzaron un viaje de casi siete años.

Más allá de las comparaciones

Si tuviera que definir Crisol, diría que es un survival horror en primera persona cuya estética y jugabilidad pueden parecer una mezcla entre BioShock y Resident Evil, más una fuerte carga de cultura española retorcida como eje central. Y justamente ahí radica su mayor fortaleza.

Su diseño de ambientación construye una fantasía oscura distópica con elementos que remiten constantemente a la cultura española, pero como si la viéramos a través de un espejo deformado y siniestro, incluso más perturbador que el pueblo de Resident Evil 4. De hecho, comienza con una de las referencias literarias más conocidas de la literatura del país ibérico, de Pedro Calderón de la Barca:

“¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.”

Crisol: Theater of Idols

Al leer esos versos recordé cuando vi La vida es sueño en el Teatro San Martín hace años, y comprendí por qué este texto abre Crisol: Theater of Idols y cómo acompaña el subtexto narrativo a lo largo del camino de su protagonista, Gabriel. Él es el elegido por el dios Sol para desbaratar un culto al dios Mar en la isla Tormentosa, un territorio ficticio que forma parte de una Hispania distópica y retorcida.

Es aquí donde el juego parece tomar ciertos elementos de BioShock, generando preguntas constantes sobre nuestro lugar en la historia: ¿es un sueño o una realidad lo que estamos viviendo? ¿Hacemos el bien o somos un engranaje más dentro de este mecanismo?

La Sangre del Sol

Uno de los elementos que más llamó la atención cuando se presentó Crisol fue la gestión de la munición y la vida, ya que ambas son lo mismo.

Gabriel aceptó un pacto: emplear la Sangre del Sol para descubrir el misterio que encierra la catedral a la que intenta acceder. De esta forma, el juego deja claro que las armas se cargan con nuestra propia sangre, y cada disparo errado implica desperdiciar vitalidad.

Crisol: Theater of Idols

Podremos recuperarla absorbiendo sangre de animales, de algunos humanos o mediante inyecciones de una solución llamada plasmarinos. Además, contaremos con un cuchillo para realizar parrys, que deberemos afilar en afiladores montados en bicimotos (muy similares a los de los afiladores que décadas atrás recorrían los barrios haciendo sonar el chiflo).

Para avanzar tendremos que seguir varios de los pasos habituales del género: obtener nuevas habilidades, conseguir armas más potentes y relacionarnos con aliados que se comunican con nosotros y nos harán dudar sobre si confiar o no en ellos.

Sin embargo, es al superar el prólogo cuando comienza la verdadera historia, la que nos lleva a explorar los rincones más recónditos de Tormentosa.

El apartado artístico construye un imaginario aterrador, repleto de santos de cuyos ojos emanan lágrimas oscuras y sangrientas, con movimientos erráticos que refuerzan ese espíritu survival horror, casi como un homenaje a Resident Evil 4. Las fases de combate, cargadas de tensión y momentos sobrecogedores, se combinan con secciones centradas en la resolución de puzles, donde será imprescindible explorar cada rincón de pasillos y habitaciones en una isla en la que nada es lo que parece.

Crisol: Theater of Idols

Recorrer edificios de intrincado estilo barroco y gótico, sobre los que sabemos poco, ya que llegamos por designación divina, se siente como adentrarse en un laberinto de pasillos que se reconfiguran a medida que desbloqueamos puertas y resolvemos acertijos. La sensación de estar dentro de una película de terror, sin saber qué nos espera en la próxima esquina, es constante.

Y no estaremos solos. Más allá de las estatuas siniestras, hay algo más acechando que no puede ser eliminado con nuestras armas: una aberración llamada Dolores, nuestro equivalente a Mr. X o Nemesis, que nos perseguirá sin tregua por las calles. Enfrentarla directamente no es opción. Por lo que avanzar con cautela y movernos por espacios reducidos puede ser la diferencia entre vivir o morir.

La tensión del silencio

En Crisol: Theater of Idols no encontraremos una banda sonora constante que nos acompaña durante la exploración. Más allá de la música del menú principal y momentos puntuales, no hay una OST permanente de fondo.

Lo que sí hay es un apartado sonoro impresionante. Durante gran parte del juego avanzamos en un silencio casi absoluto, interrumpido por el ruido de la lluvia y la madera crujiendo, sonidos que nos impiden distinguir si se trata de enemigos o de la propia estructura del lugar. Esto genera una atmósfera opresiva y pesada.

Pasos, crujidos, ecos lejanos y voces distorsionadas, que no siempre vemos, juegan con nuestra percepción y nuestros nervios, manteniéndonos en alerta constante. Todo está perfectamente posicionado en el espacio, y con buenos auriculares podemos localizar con precisión el origen de cada ruido, reforzando notablemente la inmersión.

¿Y qué tal la dificultad? Crisol: Theater of Idols no es un juego que la haga fácil. Se trata de una experiencia exigente, incluso en el modo más accesible. Morir varias veces forma parte del aprendizaje inicial, hasta que logremos descifrar bien las mecánicas de los enemigos.

La combinación de rivales resistentes, movimientos impredecibles y el uso de nuestra propia sangre como munición crea la fórmula perfecta para elevar la tensión al máximo. Al comenzar podemos elegir entre tres niveles de dificultad, y algo interesante es la posibilidad de crear nuestro propio nivel personalizado ajustando distintos parámetros.

Crisol: Theater of Idols

En conclusión

Crisol: Theater of Idols es una experiencia que logra sumergirnos por completo y mantenernos atrapados hasta completar sus cuatro extensos capítulos, con una duración aproximada de entre 12 y 14 horas.

La propuesta de Vermila Studios, aun sin ser perfecta, consigue ofrecer un survival horror inmersivo con mecánicas innovadoras y un apartado artístico que no deja indiferente a nadie. Por lo que si sos fan del terror, esta es una joya que no podés dejar pasar.

Crisol: Theater of Idols está disponible en PS5, Xbox Series y PC a través de Steam desde el 10 de febrero.

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Sergio Daniel Ferraro

Becario Doctoral CIC Instituto de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología (IESCT) Universidad Nacional de Quilmes •Prof. de Historia y Cs Sociales •Prof. de Geografía •Lic. en Educación (UNQ)

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