Ya llevo un montón de horas en la versión de PC del último videojuego de Kojima, y si bien me faltan rincones por recorrer y misiones por realizar, tengo algo super claro: y es que Death Stranding 2 es una experiencia por la que tienen que pasar.
Sí, incluso si no jugaste al primero. O mejor dicho: especialmente si no lo hiciste y necesitás una excusa para subirte ahora. Esta segunda parte funciona como lo que solemos llamar una “secuela hecha y derecha”: toma las bases del original y las mejora prácticamente en todos sus aspectos.

Es cierto que Death Stranding: Director’s Cut ya había refinado la experiencia del primero, pero acá hay algo más. El componente social, una de las ideas centrales de la saga, se potencia mucho más en este lanzamiento. Al momento de escribir estas líneas, la versión de Steam registra entre 8.000 y 20.000 jugadores diarios, y eso se siente. No es excluyente para disfrutarlo, pero sí suma de manera directa a la experiencia y a su propia narrativa.
En Death Stranding 2, Sam Porter Bridges emprende viaje hacia México, la primera gran región que vamos a conectar a la Red Quiral. Y este tramo inicial funciona como uno de los mejores “onboardings” que vi en mucho tiempo, introduciendo mecánicas de forma orgánica y completamente integrada en la narrativa.
Una de las principales novedades es el sistema de estadísticas de Sam, que evoluciona según nuestro estilo de juego. Si priorizamos la carga, mejoramos la resistencia; si combatimos más, progresamos en ese aspecto. Es un sistema que acompaña sin imponer, y que refuerza algo clave: el juego se adapta a tu forma de jugar.

Y ahí es donde aparece uno de los mayores aciertos del nuevo trabajo de Hideo Kojima. Lejos de simplificar la experiencia, la amplía. ¿Querés optimizar tiempos? Podés usar vehículos. ¿Preferís caminar mientras escuchás música o un podcast? También funciona, y mejor que nunca gracias a un diseño de caminos más claro y amable. Todo suma, todo construye.
La progresión también se diversifica. Construir rutas, recuperar paquetes perdidos o fortalecer vínculos con distintas instalaciones impacta directamente en la experiencia: desbloquea mejoras, recursos y amplía las posibilidades dentro de la red. Incluso el clásico componente colaborativo, ayudar a otros jugadores con estructuras o recursos, sigue siendo central.
Death Stranding 2 propone, pero nunca obliga. Podés jugarlo como una experiencia relajada, casi contemplativa, o convertirlo en un desafío más exigente limitando tus propias herramientas. Esa flexibilidad es, probablemente, uno de sus mayores logros.

En lo narrativo, Sam no está solo. Lo acompañan Fragile y el equipo de Drawbridge, un grupo que aporta identidad y dinámica a la historia. Y, como es habitual, Kojima deja su marca en cada rincón: referencias, guiños y una constante sensación de estar dialogando con su propia obra. Incluso quienes no tengan un recorrido completo con sus juegos van a encontrar una puerta de entrada sólida.
En lo técnico, el resultado es contundente. Death Stranding 2 presenta un nivel de pulido notable, con una calidad visual sobresaliente y una performance estable durante toda la experiencia. En mis horas no encontré problemas técnicos, algo que, en el contexto actual de lanzamientos en PC, vale la pena destacar. Hardware utilizado: Ryzen 9 9950X3D, 64 GB DDR5 y RTX 4070 Super.
¿Todavía estás leyendo? Es momento de dejar la nota y empezar el viaje. Porque si algo queda claro incluso antes de ver los créditos, es que estamos ante una de las experiencias más destacadas que va a dejar 2026 en PC.