Bienvenidos a Indies-Pensables, la columna donde cada semana les recomiendo algún videojuego indie que no se pueden perder.
Isopod es uno que venía esperando desde hace rato. Había visto los avances técnicos en Twitter, y la idea de un videojuego donde somos un bicho bolita me parecía fascinante. De por sí son unos crustáceos increíbles (¡no todos los bichos son insectos!), y además la idea de ser un ser pequeñito en un mundo enorme también era muy tentadora. De niña me enamoré de Toy Commander (Dreamcast, 1999) y nunca abandoné ese amor por las miniaturas. NdE: por eso me quiere.
La mención a la Dreamcast no es al azar tampoco. Isopod es un plataformero 3D de aventuras que toma mucho de la estética de los 2000. No tanto en lo gráfico, pero sí en las mecánicas, la historia y el diseño general. Hay algo muy nostálgico en avanzar por un mundo 3D, hablar con NPCs e ir cumpliendo pequeñas misiones.
Y cabe destacar que el personaje se puede hacer bolita (como su nombre lo indica), e ir rodando y rebotando a toda velocidad. Casi casi como si hiciera un spindash. También, se parece más a los Sonic Adventure de Dreamcast que a las entregas más nuevas de la mascota de Sega. Pero claro, con años de experiencia técnica y mejoras en el gameplay se maneja mucho mejor que los juegos de los 2000.

Apenas al empezar vemos que hay una historia. Los bichos hablan, y parece que estamos en una sociedad de insectos. Y aunque nuestro protagonista no tiene nada especial y el mundo y personajes son en general muy realistas (no es una ciudad humanizada como la de Silksong), otros NPCs llevan sombreros o pequeñas ropitas. Absolutamente adorable.
Los personajes hacen muchos chistes. Muchos chistes malos (NdE2: me encanta). Otra cosa que también remite a los videojuegos de los 2000. Pero estos chistes malos son tantos, tan seguido, que una empieza a dejarse llevar por la narrativa y te terminás riendo. Y la verdad que el humor en videojuegos no es algo que se encuentre tan seguido, así que se valora mucho que Isopod sea tan gracioso todo el tiempo.

Pero no todo es humor entre bichitos. Acá hay crítica social, política, lucha de clases. No, en serio, llegué acá por los bichitos y me quedé por el sindicalismo.
Resulta que las hormigas rojas son empresarias, y quieren demoler toda una parte del bosque para crear una gran colonia de hormigas rojas, a base de desplazar a todos los habitantes locales o esclavizarlos. Y nuestro bicho bolita es el delegado del sindicato de bichos bolita, que va a negociar con las hormigas y se entera de su plan extractivista. Así que termina aliándose con dos hormigas obreras llamadas Carl y Mark (me reí fuerte con eso) y algunos bichos más para tratar de defender su bosque.

La bajada de línea no es nada disimulada, Isopod se para fuerte como un videojuego de izquierda sin miedo a las críticas: “—Winston, no creo que debas confiar en la araña-mago. —Mejor un mago que un capitalista”.
Un balance justo entre un gameplay super ágil y divertido y una historia para adultos pero con un toque de fantasía infantil muy tierno. Pueden ir a buscar este videojuego australiano, disponible desde el 21 de octubre de 2025, por Steam a 9 dólares. Y rodar contra la opresión.